
La navegación en el
ciberespacio pone a nuestro alcance informaciones y
conocimientos que en otras épocas tardaban años en
difundirse. Estamos, pues, ante una auténtica revolución del conocimiento, incomparablemente mayor y
más profunda que otras ocurridas en la historia.
Aunque estos cambios son positivos y ya se hacen sentir incluso en la vida diaria, aún desconocemos
a ciencia cierta hacia dónde nos llevará esta revolución en marcha y cómo transformará a las sociedades
y sus paradigmas. Es como si nos hubiéramos subido
a un tren en movimiento sin tener idea de cuál es el
destino final. En este campo es mucho lo que aún
debemos estudiar.
Por eso mismo, en términos de la educación es
importante reconocer el significado de las nuevas
tecnologías, pero cada vez es más necesario preguntarnos por la naturaleza de los valores que las sociedades desean mantener, reproducir o cambiar. En otras
palabras, si reconocemos el hecho de la globalización
como un dato objetivo de la realidad, la pregunta
acerca de cómo transformarnos para convivir con
ella, pasa obligatoriamente por la reflexión serena y
profunda sobre qué esperamos de la educación hoy
día: ¿Educación para toda la vida, capacitación para
el trabajo, educación permanente y así un largo etcétera? Son preguntas que hoy se nos plantean bajo
la óptica de ese cambio global que nos condiciona y
afecta en todos los órdenes de la vida.
Sin embargo, aunque la velocidad con que se
han producido tales cambios no nos ha permitido
responder cabalmente dichas preguntas, ahora, por
lo menos, tenemos conciencia de su importancia.
De ahí la urgencia de estar atentos para conocer y
comprender mejor un proceso que parece no tener
límites.
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